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Fecha: 2007-04-27
País: Chile
Ciudad: Santiago
Medio: La Segunda
Sección: Política y Sociedad
Tema: Obispos de Chile
Autor: Pilar Vergara y María José Gómez

Cardenal alerta sobre reforma a la educación: “Todo lo que era claro y seguro queda con signo de interrogación”

“Porque de repente se puede discutir todo”, afirma Francisco Javier Errázuriz, en vísperas de su partida a Brasil a la reunión de los obispos del continente con el Papa. Sin embargo, dice que “estoy seguro que la ley va a ser modificada”.
Eliminación de la selección de alumnos: “Si no se formula mejor ese punto, no respeta suficientemente la libertad de educación”.
Es “hermosísimo lo que está pasando entre muchos laicos, que van a la palestra o toman posición pública (en el tema pro vida). Es lo que he esperado por mucho tiempo”.

El 9 de mayo, el Papa estará más cerca que nunca de Chile. Aterrizará en Brasil para encabezar el V Congreso Episcopal Latinoamericano, entidad donde un chileno tendrá un rol central: el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, presidente del CELAM.

Claro que tener a Benedicto XVI en el continente no fue tan simple. Y es que, cuenta el Cardenal, “hace algunos años tuvo un problema de salud después de un viaje intercontinental, entonces los médicos le pidieron que no los hiciera, pensaban que no era conveniente”. Sin embargo, cuando el Santo Padre conversó el tema con algunos cardenales —y les planteó si hacer la reunión en Roma o en Latinoamérica— “sin saber de este consejo médico, le expusimos las razones para hacerlo acá y dijo «Dios que me ha dado este encargo, me dará la fuerza para cumplir»”.

Y Francisco Javier Errázuriz está convencido de que así será. Es que cree que “el Papa rejuveneció con el nombramiento... Dio el sí a lo que Dios le pedía, a ser Santo Padre de toda la Iglesia Católica y se rejuveneció, está más alegre, se le ve con mucha paz, más ágil. Si ese proceso sigue, de repente le vamos a decir «Santo Padre, venga a Chile». Dios quiera que este encuentro en Brasil le demuestre a él, y a los médicos sobre todo, que puede hacer viajes intercontinentales”.

Pero el arzobispo también tiene entre sus preocupaciones —tal como lo expresó la Conferencia Episcopal el viernes pasado, al alertar sobre los peligros de “ideologización”—
lo que está ocurriendo con la reforma a la Educación. A su juicio, aquí hay un escenario donde “todo lo que en Chile era claro y seguro, quedó con signo de interrogación” en materia educacional.
Y, derechamente, espera que existan “cambios” en el proyecto de la Ley General de Educación (nueva LOCE), especialmente en el tema de la selección de alumnos. Advierte que, “si no se formula mejor ese punto, no respeta suficientemente la libertad de educación”.

Cuando algunos hablan de un posible «retroceso» de la Iglesia en Chile, tras la aprobación del divorcio y la repartición de la píldora del día después, y miran con preocupación el rumbo que puede tener en el país la «agenda valórica» —con temas como el aborto terapéutico o la unión entre homosexuales— el Cardenal tiene, en cambio, una mirada optimista. “De repente aparece en Chile que muchísimas personas, muchísimos parlamentarios, se unen y forman un frente por la vida, porque su convicción personal los lleva a decir que van a luchar por el respeto a la vida. Es algo extraordinario. No fue una iniciativa que haya salido de nosotros. Surgió de su propia conciencia”.

Por eso, recalca, “encuentro hermosísimo lo que está pasando en Chile entre muchos laicos, que ellos mismos
van a la palestra, hablan o escriben en los diarios, toman posición pública. Es lo que he esperado por mucho tiempo. Lo primero que diría es «alegrémonos de que esto ocurra»”.

Igualmente, pone de manifiesto la perspectiva con que la Iglesia ve todos estos acontecimientos. “La Iglesia Católica mira los siglos, no sólo el hoy. Sabe que ha habido tiempos de persecución y, sin embargo, se da con mucha fuerza que rebrota lo que es propiamente humano. Es que partimos de una base: cuando Dios crea al ser humano, lo crea para la felicidad, con un proyecto de familia. En el corazón del ser humano está eso, el
anhelo de paz y reconciliación. Eso brota y rebrota”.

—El viernes los obispos alertaron sobre el peligro de “ideologización” en el texto en el proyecto de reforma educacional que reemplaza a la LOCE.
—Yo no colaboraré en la elaboración de ese documento, porque estaba en Roma, pero lo comparto.
Chile ha tenido un marco para la educación que tenía categoría constitucional. Viene este gran movimiento, la revolución de los pingüinos, y después de algunos días, los dirigentes apuntan directo contra la LOCE. Y lo que ocurre, de parte del gobierno, es que se crea un gran Comité Asesor, que empieza a reflexionar sobre todo. Y todo lo que en Chile era claro y seguro, queda con signo de interrogación, porque se discute de todo. En muchos países latinoamericanos sabían que en Chile la subvención llegaba a su destino, y entera; que el Estado tenía un sentido subsidiario, que apoyaba muchas iniciativas privadas, porque le importaba la extensión de la cobertura de la educación. Nos admiraban. Y de repente se puede discutir todo.
En el Parlamento tiene que haber una discusión muy amplia, me parece una cosa fundamental. ¿Hacia dónde quería apuntar todo este cambio? Hacia la calidad de la educación, sobre todo de la municipalizada. Tenemos que insistir en ese punto.

—¿Eso no lo ve en el proyecto?
—Es muy difícil dar ahora una opinión, porque ésta es una de las iniciativas del gobierno en educación. Después va a venir una Superintendencia, otros temas. Mientras no se vea el conjunto, no es fácil dar una opinión.

—Pero cuando hablan de ideologización, ¿a qué se refieren?
—Por una parte, se reconoce efectivamente el principio de la libertad de optar por la educación que la familia quiere. Y después se la limita, de tal manera que no puede haber selección de alumnos. Monseñor Ezatti, que ha participado activamente en este proceso de reflexión, percibe ahí una tendencia ideológica: que reduce o niega en la aplicación el principio aceptado.
Hay que ser coherente, afirmar también en la práctica la libertad y el derecho de cada niño a recibir una educación de calidad, y de los papás a optar por el establecimiento cuyo proyecto educacional coincida con el proyecto familiar en lo valórico.

“No existe el derecho a entrar a cualquier colegio”

—Pero impedir la selección, para el gobierno, es darles a todos los niños el derecho de entrar a un colegio.
—No existe el derecho a entrar a cualquier colegio. A un colegio sí, que tenga educación y de calidad. Al enumerar, por ejemplo, los criterios de una discriminación arbitraria, está la selección por motivo de la religión. Por motivo de etnia, me parece evidente que no se puede hacer ninguna discriminación; por motivos económicos, tampoco.
Pero resulta que hay religiones de todo tipo. Existen fanáticos religiosos, fundamentalismos. Y si un colegio determinado cree que, recibiendo personas de una cultura de fanatismo, eso va a destruir la atmósfera dentro del colegio o el proyecto educacional, tiene todo el derecho a decir no.

—¿Reclaman el derecho de tener niños que compartan la misma religión?
—No necesariamente. Lo que es necesario es que los padres y apoderados que quieren poner a un hijo en un colegio católico, tienen que suscribir el proyecto educacional con toda el alma, de verdad, y no ficticiamente o de manera formal. Y el colegio tiene el derecho a decir «búsquese otro colegio» a una persona que viene de un tipo de cultura, que va a destruir nuestro proyecto, porque es antagónica.

—¿Y cuál es el riesgo, si pasa este proyecto tal como está, respecto de los establecimientos católicos?
—En primer lugar, pienso que el Parlamento junto con aprobar muchas disposiciones de gran valor, va a modificar otras. Y es bueno decirlo: acá hay un prejuicio. Muchas veces a los colegios católicos entran hijos de familias que no son católicas, pero que tienen interés en que su hijo reciba una educación católica. El problema es cuando hay un antagonismo, que puede destruir el proyecto educacional con el ingreso de determinadas personas.
Yo estoy seguro, gracias a Dios, que siendo este tema un tema de categoría constitucional y necesitando un quórum relativamente alto, se va a dar un buen diálogo y el proyecto de ley va a ser modificado.
En la conversación que hemos tenido con políticos de gobierno, es claro que ellos perciben que hay cosas en la ley que todavía no están formuladas de manera exacta. Eso lo examinará el Parlamento.

—¿Esperan cambios sustanciales?
—Va a haber cambios.

Lucro: “Habrá que aclarar un poco el texto”

—¿Y qué le pasa a la Iglesia y a usted, en lo personal, con el tema del lucro?
—Los colegios que tiene la Iglesia no son de lucro. La inmensa mayoría de los colegios de la Iglesia prestan sus servicios a familias muy pobres, son escuelas de financiamiento compartido o simplemente subvencionados. Pero no se entiende la lógica del tema. Si un empresario dice «quiero abrir un colegio excelente y quiero ganar el 5% de la inversión» y si existe mucha gente que valora ese colegio y está dispuesta a pagar, sabiendo que el dueño gana el 5%, no veo la lógica por la cual no puede invertirse en algo que de suyo es bueno, que busca la calidad de la educación, habiendo gente que quiere pagar esa matrícula.

—La lógica que plantea el gobierno es que al existir subvención estatal, son platas de todos los chilenos, que el gobierno quiere que sólo sean usadas exclusivamente para fines educativos.
—Estoy de acuerdo en que en un colegio subvencionado el sostenedor no puede retirar plata de la subvención con un fin de lucro. Pero, ¿en un colegio que no recibe subvención?

—La ministra Provoste aclaró que el «espíritu» del proyecto es que el lucro quede excluido sólo para los colegios subvencionados, aunque la letra del texto deja abierto que sea para todos.
—Habrá que aclarar un poco el texto. En ese punto y en otros.

Tono y fondo del almuerzo en La Moneda

—¿Cuántas veces ha ido a reunirse a La Moneda con la Presidenta Bachelet?
—Es la primera vez, pero lleva sólo un año de gobierno... El Presidente Lagos en seis años nos invitó dos veces o tres... No es frecuente una cosa así.

—El almuerzo que tuvieron los obispos esta semana con la Mandataria en La Moneda fue caracterizado como “de tregua”. ¿Por qué?
—¿De tregua? No fuimos nosotros los que hablamos de almuerzo de tregua....

—El tipo de relación que tiene el gobierno de Bachelet con la Iglesia se ha prestado para toda suerte de comentarios: que se le ha bajado de rango, que se le ha dejado a cargo del subsecretario, que la relación es más distante...
—No, es una apreciación muy externa de las cosas. Es cierto que siempre la relación fue a través de un ministro, el secretario general de la Presidencia, porque él también tiene la relación con el Parlamento y, por tanto, sabe cuáles son las leyes que está impulsando el Gobierno y le interesa escuchar, ya sea de la Iglesia o de otras confesiones, lo que piensan. Y a nosotros nos interesa también saber qué es lo que se está proyectando. Lo importante es que los puntos en los cuales haya disenso o visiones distintas, se los lleve a una conversación en profundidad. Que no ocurra que de repente aparece un decreto y uno diga «por qué no se conversó antes, a fondo». Nos parece importante que haya un diálogo sobre las diferentes visiones que puedan existir en el país sobre las materias de mayor incidencia en nuestra cultura.

—Después de la reunión, ¿quedó con la convicción de que va a haber un diálogo en donde se escuche a fondo lo que piensa la Iglesia en los temas que le interesan?
—Es lo que espero.

“Canal 13 depende del rector, no del Gran Canciller”

—Ud. se reunió esta semana con el rector Rosso de la UC. ¿Cuán involucrado está en lo ocurrido en Canal 13, donde renunciaron su directora, el presidente del consejo y dos de sus miembros?
—No deseo hablar de ese tema. El canal depende del rector, no del Gran Canciller.

—En una entrevista reciente de TV, llamó la atención la forma en que respondió cuando se le consultó por las declaraciones del padre Felipe Berríos sobre el sacerdocio de las mujeres... Usted dijo que “ese sacerdote suele dar opiniones distintas a la Iglesia”.
—Este sacerdote, que impulsa una obra de tanto valor como “Un techo para Chile”, que escribe frecuentemente comentarios muy valiosos, a veces hace afirmaciones con las cuales se distancia de los obispos y del magisterio.

—¿Tiene encargado el tema a alguien? ¿Lo ha hecho presente a los jesuitas?
—No comments.

“Situación de la familia es de mucha inestabilidad: Hay grupos que quieren cambiar la sociedad”

- El documento preparatorio de los obispos para la reunión del CELAM tiene una visión muy crítica de América Latina: crisis de la familia, exclusión de los pobres, indígenas y mujeres, violencia, evangelización incompleta. ¿Están tan mal las iglesias de la región?
—En otras partes del documento se abordan cosas positivas. Las negativas son muchas también, y muy diversas. Según el país, se dan algunas con más fuerza. Pero es así. Efectivamente, hay regiones de América Latina donde la pobreza y la miseria son males muy extendidos, donde es grave el problema ecológico, y también la falta de acceso al conocimiento y la informática. Hay inestabilidad de gobiernos, hay populismos, tensiones bastante grandes con la Iglesia. Desde la óptica de Chile, vemos las cosas más tranquilas.

—¿En qué lugares hay tensiones entre el gobierno y la Iglesia?
—Sobre todo las ha habido en Venezuela. El gobierno del Presidente Chávez, con una campaña fuerte en contra de la corrupción, también ha acusado injustamente a obispos de corruptos, etc.

—O sea que Chávez está muy lejos de lo que le dijo a la Presidenta Bachelet, de que había sido monagillo y su mamá quería que fuera cura…
—Parece que optó por otro camino, no precisamente por ése. No es nada en contra de Venezuela. Pero de que allí hay problemas, es claro que los hay.

—Y con este panorama crítico, preocupante, ¿cómo se proyectan las cosas desde el punto de vista de la Iglesia?
—Entre los problemas habría que mencionar la situación de la familia. Es de mucha inestabilidad. No sólo ahora. Además, las corrientes que vienen de Europa hablan de distintos tipos de familias; de considerar matrimonio a uniones de personas de un mismo sexo; a dar mayor facilidad para el divorcio; a introducir el aborto como un derecho. Hay un cambio muy grande. ¿Cómo proyectarse? Aparece con claridad en el tema elegido para la V Conferencia: se centra en la persona. Que todos seamos misioneros de Jesucristo, para que
nuestros pueblos tengan vida.

—Decía que la situación de Venezuela es la más crítica. ¿Qué pasa con la llamada «agenda valórica» en Chile, donde se aprobó el divorcio, se reparte la píldora del día después y algunos intentan impulsar el aborto terapéutico?
—Son debates que se dan simultáneamente en la gran mayoría de los países, no son casuales. Desde muchos puntos de vista, Chile está mejor que otros países.

—¿Y qué pasa con otros países donde sí están avanzando estos temas? En México empezaba un referéndum para ver la legalización del aborto.
—Es muy doloroso, porque México es un país compuesto por una inmensa mayoría de católicos.

—A veces la Iglesia aparece poniéndose en retirada o en retaguardia frente a lo que está pasando...
—Evidente que hay corrientes. Tomemos el caso concreto de la campaña acerca de la fertilidad, que se centra en último término en la anticoncepción; gestándose así, poco a poco, la idea de que la concepción que encierra el don maravilloso de la vida es algo malo, negativo, que conviene evitar. En el tema del aborto, está la falsa idea de que la mujer puede decir «yo hago lo que quiero con mi cuerpo ». En realidad, el tema es otro. Hay que decirle, «oiga, es que no es su cuerpo, es el cuerpecito de otra criatura maravillosa, que quiere nacer y vivir, que tiene una potencialidad de bien extraordinaria y es muy querida por Dios». Sin duda que hay corrientes de ese tipo que existen y son impulsadas intencionalmente por grupos que quieren cambiar a la sociedad, quebrando su cultura.

—¿Cómo está la lucha de la Iglesia, que de repente termina rendida ante los hechos, como pasó con el divorcio?
—Pasó, fuimos el penúltimo país del mundo occidental en el cual se aprobó el divorcio. Pero hay muchos temas presentes, como la vida y la protección de la vida que viene en camino. No hay ninguna razón para que una población esté en contra. Aquí se van a dar todas las luchas. Pero lo importante es que no tiene que ser una defensa llevada adelante simplemente por los obispos. Es un tema de todos. Que sean muchos los laicos que salten a la palestra y digan «no lo acepto, daña a mi país y a mi familia». La destrucción de la familia y de la vida no ayuda a superar la pobreza. Mi opción es a favor de la vida, y de una vida digna para todos, donde cada chileno cuente con ese bien que tanto quiere: con una familia estable, santuario del amor, la confianza y la paz.

Papavilla: “Si pasa en un país musulmán…”

Ha visto la serie Papavilla?
—No, pero por lo que he leído, si esto ocurriera en algunos países musulmanes, les queman la casa a todos los productores. Sólo puede ocurrir por el exceso de tolerancia de los católicos. Es un daño gravísimo el que se causa, porque precisamente ese tipo de series no es para adultos, es para niños, ¿y éstos cuánto distinguen entre la realidad y un dibujo de ficción, qué idea se llevan de lo que puede ser un Papa, el Vaticano, un Cardenal? Lo encuentro de la mayor gravedad. Que respondan ante su conciencia y ante Chile los que están impulsando un producto tan venenoso.

—¿Van a hacer un planteamiento formal como iglesia?
— Frente al Consejo Nacional de TV hay un planteamiento serio, y creo que el CNTV comprende lo que es el
bien del país y lo que es el respeto. No proteger a millones de chilenos y a la religión mayoritaria del país sería un signo incomprensible. Seguramente será acogida la demanda (del abogado José M.Eyzaguirre).