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Fecha: 2006-09-10
País: Chile
Ciudad:
Medio: El Mercurio
Sección: Cartas al director
Tema: Anticoncepción
Autor: Mons. Cristián Contreras Villaroel, Obispo auxiliar de Santiago, Secretario General de la Conferencia Episcopal

Declaración del Episcopado

Señor Director:

La RAE en la primera acepción del término "norma" señala: "Regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades, etc.". Así de claro. Como así de claras son las "Normas nacionales sobre regulación de la fertilidad" emanadas del Gobierno de Chile, a través del Ministerio de Salud, que incluyen la distribución, digamos masiva, de la así llamada "píldora del día después", cuyos efectos abortivos, en alguna de sus fases, son temas de discusión en la comunidad científica.

Es bueno aclarar que la declaración del Comité Permanente del Episcopado no ha cuestionado el régimen democrático imperante en Chile; tampoco buscamos con ésta imponer creencias a nadie. Concuerdo con la Presidenta de la República en que "cada uno tiene que cumplir su función. Así como la familia tiene que comunicarse, conversar de todos los temas y entregar valores y principios, yo, como Presidenta, mi tarea, obligación y deber es garantizarles a todos los chilenos del Chile real, del país real, opciones". Sin embargo, para el país real que también los creyentes en Cristo conocemos, el documento del Ministerio de Salud no son simplemente opciones, sino "normas".

Constato con decepción que, en la discusión de fondo, el derecho a la vida y el respeto a la dignidad de la vida humana, la educación al amor en los jóvenes, el papel de la familia, y el verdadero concepto de la libertad y sobre todo de la equidad no hayan sido asumidos en las réplicas a nuestra declaración.

Cuando se dictan normas en materias sensibles y delicadas como la regulación de la fertilidad, el debate actual ya es un logro. Pudo haber sido antes, pero no fue así. Me parece que el problema -¿insoluble?- es que algunas personas del Gobierno quieren imponer normativamente su cosmovisión acerca del ser humano y de la sexualidad. Y además, con todo respeto, ¿quién puede valorar las normas del Ministerio de Salud como una mera proposición de opciones? ¿Qué niña de 14 años o sus familias tienen acceso a un documento de 171 páginas, donde las normas no son planteadas paritaria o proporcionalmente? ¿Cuántas personas que trabajan en el ámbito de la salud conocen las normas? Y como éstas son "normas", merecen un estudio más analítico. En eso estamos.

+ CRISTIÁN CONTRERAS VILLARROEL
Obispo Auxiliar de Santiago
Secretario General de la Conferencia Episcopal