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Documentos

Sobre el Matrimonio y la Familia

Carta pastoral de los Obispos de Ancud (Parte 1)
Fecha: 29/08/2003
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Ancud
Autor: Mons. Juan Luis Ysern de Arce


A los fieles de la Diócesis

En el 27° aniversario de la consagración de la Catedral
29 de Agosto de 2003

Paz y Bendición
de parte de Dios Padre
por medio de Cristo Jesús,
en la comunión del Espíritu Santo.

Introducción

1. Con motivo de la discusión en el Senado del proyecto sobre una nueva ley de matrimonio que deja abierta la posibilidad de divorcio vincular se ha dado lugar a un debate público sobre el matrimonio y sobre la familia. Como suele ocurrir en los debates, al mismo tiempo que unos aclaran y fortalecen sus principios, otros por el contrario quedan con mucha confusión. Ante esto vemos necesario presentar a la consideración de todos algunos puntos de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, de modo que puedan servir para mantener una orientación clara en estos temas tan fundamentales de la vida.

La realización de cada persona

2. Todos queremos ser felices. Queremos realizarnos plenamente. Esto requiere llegar a vivir de modo perfecto y total dos dimensiones que tenemos muy marcadas en nuestro interior. Son la libertad y la comunión que han de ser vividas de modo inseparable para la total realización. No puede ser de otra forma porque estamos hechos a imagen de Dios (Gen. 1, 26) que es comunión de Personas. Dios es Amor (I Jn. 4, 16).

3. Por la libertad podemos tomar decisiones de forma individual y podemos dar sentido a lo que hacemos. Por ello mismo nos hacemos responsables de nuestra vida y de los actos que vamos realizando en nuestro camino. Así, por decisión libre, cada persona puede orientar su vida entera por el camino del egoísmo, que lleva a la soledad de quien por no hacerse entrega no es tampoco acogido, ni ama ni es amado, o por el contrario, por el camino del servicio, de la entrega y de la acogida a los demás, haciéndose así obsequio y gracia para los demás (Gal. 5, 1, 13 – 15; Rom. 6, 20 -22) y llegando a la comunión.

4. Nunca nuestra felicidad puede estar en la soledad porque, repetimos, estamos hechos a imagen de Dios que es Comunión de Personas. La tarea permanente para nosotros es construir la comunidad. Para ello tenemos que actuar libremente, como personas. Sólo el que tiene libertad tiene posibilidad de regalar y convertirse uno mismo en regalo, entrega, gracia. Del mismo modo, sólo el que tiene libertad puede acoger a la persona que se hace entrega y obsequio. Tanto la entrega de sí mismo como la acogida de la otra persona es regalo y gracia. Nada de ello puede realizarse sin la libertad. Y cuanto mayor es el grado de libertad con que se actúa, mayor es la solidez del obsequio y más consistente y viva la comunión. Este es el ideal de la convivencia verdaderamente humana. Toda la sociedad con sus diversas organizaciones debería manifestarlo así.

Hombre y Mujer consagrados el uno para el otro en alianza total hasta la muerte

5. En nuestra etapa de vida sobre la tierra, el matrimonio es la comunidad humana de mayor intimidad. Es una comunidad formada por el encuentro de un hombre y una mujer que se hacen entrega y acogida mutua con plena gratuidad que por su misma naturaleza construye una alianza en la que ya no se retiran los dones entregados mutuamente. Con esta vida de comunidad en la que se vive la comunión aparece visible en forma refleja la imagen de Dios. Pero, al mismo tiempo, no podemos olvidar que Dios entrega sus dones de una vez para siempre. Según esto el matrimonio como tal, por su propia naturaleza tiene como propiedades la unidad y la indisolubilidad. No es posible el divorcio cuando hay verdadero matrimonio.

6. El matrimonio encierra la consagración total de un hombre a una mujer y de una mujer a un hombre hasta la muerte, como enseña el mismo Jesús (Mt. 19, 3 – 6). Se trata de una entrega y una acogida realizada por las dos partes en totalidad. Es una entrega y acogida que lleva consigo la donación y acogida del propio cuerpo en plenitud. No hay posibilidad de retener alguna parte de lo que es la donación propia del matrimonio. Por ello mismo no hay posibilidad de reservar algo propio del matrimonio para otra persona, ni posibilidad de hacer la donación matrimonial sólo por un plazo. Se trata de ser un esposo y una esposa hasta la muerte. Escuchemos al mismo Jesús, a quién ayer como hoy debemos preguntarle para dejarnos enseñar por él: “Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”. El respondió: “¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer, y que dijo : Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mt.19,3-6)

La válida intención para el matrimonio

7. La celebración del matrimonio requiere esa intención de plenitud por parte de los dos esposos. Ha de ser una intención elaborada con plena libertad y profunda seriedad teniendo cada uno de los contrayentes muy presente al otro al que se hace donación de sí mismo y a quien se acoge. Esta consagración del uno al otro queda consumada en el momento que viven la relación íntima matrimonial haciendo realidad la donación y acogida de sus propios cuerpos. La relación sexual fuera del matrimonio, al no llevar consigo esta consagración plena del uno para el otro, queda profundamente desvirtuada.

8. De acuerdo con lo que estamos diciendo, la indisolubilidad del matrimonio es una propiedad esencial del matrimonio. Es una propiedad interna, no es un agregado externo que se lo da la ley o un agregado que colocan los esposos. Por esto mismo no se puede eliminar. Todo lo externo ha de colocarse al servicio de lo interno. Para que exista matrimonio entre un hombre y una mujer es absolutamente necesario el consentimiento de los esposos, nadie puede suplirlo, pero la naturaleza del matrimonio no depende del consentimiento de los esposos ni de la ley. Por eso mismo para que el matrimonio sea válido es necesario que el consentimiento de los esposos sea para toda la vida. La ley debe reconocer lo que es propio de la naturaleza del matrimonio. Más aun, la ley debe defender las propiedades esenciales del matrimonio. La naturaleza del matrimonio es anterior a la ley.

9. El matrimonio y la familia son realidades que interesan mucho para la convivencia de la sociedad. Tienen mucho que ver con el bien común. Por esta razón, la sociedad no puede desentenderse de lo que afecta al matrimonio y a la familia y establece las normas que sean convenientes a través de sus leyes. De este modo, la sociedad puede establecer algunos impedimentos matrimoniales, debe fijar la forma de contraer el matrimonio y debe fijar las normas convenientes para defender el bien de la familia.

10. Hemos de hacer una advertencia. Para los católicos el modo de contraer matrimonio es cumpliendo las normas de la Iglesia Católica. Cuando se casan solamente según la ley civil, su matrimonio no es válido como matrimonio. Es necesario contraer matrimonio ante la Iglesia. El matrimonio civil para ellos es solamente el modo de hacer que el matrimonio realizado ante la Iglesia tenga efectos civiles.

La comunidad familiar

11. La familia es comunidad fundamental y corazón para la vida de la sociedad. Es en la familia donde abre los ojos cada persona y donde comienza a moldear su corazón, su modo de ser. Dentro de la familia es donde cada persona comienza a experimentar lo que es la gratuidad, la entrega generosa de unos a otros y la acogida mutua. Con esa experiencia cada persona ha de aprender a utilizar de modo responsable su libertad desde la infancia de modo que aprenda a ser obsequio y gracia para los demás, al mismo tiempo que brazos abiertos para todos. Es decir, que aprenda a amar. Adquiriendo estas actitudes, cada persona está adquiriendo los requisitos clave para cuando llegue la hora de unirse a otra persona en matrimonio o, para optar por la vida celibataria, si es que Dios la llama por ese camino. Por lo tanto, es en la escuela de la familia, desde el primer momento, donde se comienza la preparación para el matrimonio y para la vida en sociedad. La familia debe vivir así en la comunión que estimula a cada uno para su crecimiento y para su articulación armónica con el otro como distinto, produciendo la paz y felicidad. Todo ello es experiencia y escuela auténtica del ejercicio del amor. No hay que olvidar esto que también se ha de vivir en los hogares donde falta alguno de los padres, o donde los niños viven con sus abuelos o con otras personas. El hogar familiar es la gran escuela para adquirir las condiciones con las que se puede escuchar en profundidad la vocación para el matrimonio o para la vida sacerdotal o religiosa.

La sociedad debe resguardar sus bases permanentes

12. Por lo que ya hemos dicho, la sociedad, al mirar el bien de la persona humana, como exige el bien común y buscando siempre el modo de mejorarlo, debe poner mucho cuidado por el fortalecimiento y estabilidad de la familia y del matrimonio. Son los fundamentos permanentes de la sociedad.

13. La sociedad va cambiando continuamente su estilo de vida, su forma de vivir, su cultura pero ha de saber mantener y fortalecer los valores permanentes para no degradarse y caer en un proceso de corrupción. Esto es responsabilidad de todos. Igualmente, todos, para defender la familia debemos preocuparnos por la labor educativa en todos los niveles, no sólo por lo que se refiere a los valores de la sexualidad, sino por todo lo que se refiere a la educación para la convivencia, como ya hemos dicho y repetimos una vez más, sin capacidad de acogida y entrega, de servicio al otro, sin generosidad, gratuidad y capacidad de reconciliación etc. es imposible la convivencia, especialmente la matrimonial. En la medida en la que el ambiente, los medios de comunicación social, etc. fomenten el egoísmo más hacen propicio el campo para las rupturas matrimoniales y destrucción de la familia.

14. La ley es uno de los grandes instrumentos que tiene la sociedad para organizar la convivencia, teniendo la mirada puesta en el bien común. Por esta misma razón la ley debe defender en primer lugar las características propias del matrimonio, y por ello mismo, la indisolubilidad del matrimonio ya que el matrimonio y la familia son la base misma de la sociedad y lugar fundamental del desarrollo de cada uno como persona. El matrimonio no es sólo un asunto privado que se pueda configurar según la voluntad de los esposos. Por otra parte, la ley viene a ser un elemento significativo de la identidad cultural de un pueblo que, además, cumple una determinada función educativa. La actual ley civil del matrimonio ciertamente necesita ser reformada pero para su perfeccionamiento en el servicio a los valores del matrimonio y de la familia.

La Iglesia tiene el deber de enseñar su doctrina

15. La Iglesia tiene el deber de enseñar a sus fieles su doctrina sobre el matrimonio y la familia. A los demás la Iglesia la propone, así como propone la verdad fundamental de la dignidad y respeto que corresponde a la persona humana, hecha a imagen de Dios. No responde a la verdad pensar que la Iglesia pretende imponer a la parte de la población que no es católica un planteamiento que no comparte. No obstante, se trata de un problema relativo al bien común social cuyos fundamentos antropológicos, jurídicos, sociales, así como la experiencia en otros países, etc., en el plano de la justicia natural, hacen comprensible y justifican las enseñanzas de la Iglesia. Todo esto es lo que la Iglesia propone a la consideración de los legisladores para que lo estudien con mucha responsabilidad al legislar sobre el matrimonio.

Lo que por naturaleza es malo la ley no lo convierte en bueno

16. En la eventualidad de ser promulgada una ley que tolere el divorcio en algunos casos, deben tener todos muy claro que la ley no convierte en bueno lo que por naturaleza es malo. El divorcio continuará siendo un mal. Quienes se divorcien, aunque actúen de acuerdo a la ley, esto es, legalmente, no por eso actúan lícitamente, es decir, no por eso hacen algo bueno. Otra cosa es el cumplimiento de normas que regulan las situaciones de rupturas matrimoniales, cosa que es buena y necesaria. Esas normas son distintas a las que debilitan un soporte fundamental de la familia como lo es la indisolubilidad del matrimonio.