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La Política y el Político del Nuevo Milenio en América Latina

Fecha: 04/10/2004
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Departamento de Justicia y Solidaridad


Nos hemos reunido en la Ciudad de Santiago de Chile para tratar sobre “La Política y el Político en el Nuevo Milenio”. Somos un grupo de dirigentes sociales, políticos, académicos y agentes de pastoral social convocados por el Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM.

1. Somos conscientes de que en nuestro continente predomina la idea de que el quehacer político con frecuencia es sinónimo de corrupción y engaño; que muchos líderes lo aprovechan para obtener ventajas particulares. A causa de ello, la política ha caído en el descrédito, amplios sectores de la sociedad se han tornado apáticos frente a los asuntos públicos y el abstencionismo crece.

Sin embargo, tenemos la firme convicción de que es necesario devolver a la política su dignidad, y eso depende en primer lugar de los políticos. No olvidamos que la política es una noble actividad humana y humanizante; un compromiso de servicio que exige honrar la verdad y la justicia, cuya finalidad no puede ser otra que la consecución del bien común, entendido como el conjunto de condiciones sociales necesarias para que los ciudadanos puedan desarrollarse plenamente y que, en palabras del Papa Juan Pablo II, “no es la simple suma de los intereses particulares, sino que implica su valoración y armonización, hecha según una equilibrada jerarquía de valores y, en última instancia, según una exacta comprensión de la dignidad y de los derechos de la persona”. En América Latina esto implica la exigencia de procurar una justa distribución de recursos y condiciones de vida digna para todos en los ámbitos económico, cultural y espiritual.

2. En nuestro encuentro hemos subrayado de manera especial las siguientes reflexiones:

Los jóvenes latinoamericanos nos sentimos comprometidos con un protagonismo social y político que transforme la extrema injusticia que nos toca vivir y compartir con nuestros hermanos excluidos. Como hijos e hijas nacidos en una América en transición, creemos que para asumir un papel relevante es necesaria la integración de nuestros pueblos, a fin de construir la Patria grande en la justicia social, superando la pobreza y la exclusión.

Los políticos latinoamericanos debemos cumplir nuestra misión en un mundo globalizado, dominado por el mercado, que subordina la solidaridad al individualismo y que alimenta la corrupción. Por ello, asumimos el desafío de impulsar una nueva forma de hacer política, que implica una revolución ética, es decir, un compromiso con la verdad, la justicia, la equidad, con un respeto pleno a la dignidad humana. Aspiramos a una política latinoamericana que, a través de un Estado social de Derecho, materialice las aspiraciones de nuestros pueblos; una política que garantice el ejercicio de los derechos y los deberes, que anteponga a su goce individual y excluyente el bien común.

Ante una historia de violación sistemática de derechos humanos, la lucha por su reivindicación en América Latina debe mantenerse. Sin embargo, también se debe reconocer que la construcción del bien común exige que cada persona asuma sus responsabilidades y sus deberes. Todos estamos llamados a “promover, orgánica e institucionalmente el bien común”.

3. Por nuestra parte, mirando al futuro, hemos asumido los siguientes compromisos:

• Formarnos integralmente para dar respuestas pertinentes a las situaciones de desigualdad, que afecta sobre todo a las mujeres, indígenas y pobres. Necesitamos ser eficaces en nuestros lugares de acción. La realidad social, política y económica latinoamericana no puede ser abordada desde la improvisación.
• Revalorar la acción política como una actividad eminentemente ética, como servicio al bien común y no como ocasión para abusar del poder.
• Fortalecer desde nuestros programas y plataformas la reconciliación que nos lleve a restaurar el tejido social, tan desgarrado por la injusticia estructural y por las distintas formas de violencia.
• Dar prioridad a la educación en ciudadanía para que todos los latinoamericanos
-hombres y mujeres- la ejerzan plenamente y los pobres sean protagonistas de su propio desarrollo.
• Difundir la riqueza que aquí hemos recogido y compartido.
• Generar espacios de comunión y promover redes entre los participantes de los próximos encuentros, integrando, además, a constructores sociales de distintas comunidades.

4. Agradecemos al CELAM el facilitarnos un espacio de diálogo y encuentro a líderes de distintas ideologías. Esperamos que estas reuniones se multipliquen y deseamos seguir contando con su acompañamiento.

Los problemas que abruman al Continente son enormes, pero nuestros pueblos poseen una reserva moral que hace posible la esperanza. En el inicio del tercer milenio, asumimos el compromiso de construir una política que haga realidad los sueños de justicia y dignidad de las mayorías empobrecidas de América Latina.


Santiago, Chile, 29 de septiembre de 2004.