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El derecho a la vida; también hoy

Fecha: 26/03/2001
Referencia:
País: Chile
Ciudad: Santiago
Autor: Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa


1. Una de las tareas más importantes de nuestra generación consiste en construir una sociedad que valora y respeta el derecho a la vida, reconociendo en él la piedra angular de todos los derechos humanos. A lo largo de la historia, nunca tuvo la humanidad tantas razones para admirar el misterio de la vida humana y el horizonte de su progreso, como así mismo las aportaciones técnicas, científicas, culturales y religiosas con las que el ser humano puede enriquecer a la sociedad.

2. Un país como el nuestro, que aún no se repone de las heridas causadas por muy graves violaciones de los derechos humanos, sobre todo del derecho a la vida, quiere construir su futuro con clara conciencia de aquellas actitudes y acciones del pasado que nunca más deben darse entre nosotros. Por eso, con la mayor coherencia y decisión, quiere optar por la vida. Nuestra Patria necesita la alegría de ser, toda ella, un espacio propicio a la vida, en el cual las instituciones, las comunidades, las leyes y las familias favorecen cuanto acoge, respeta, alienta y apoya a la vida; y cuanto es expresión de solidaridad con ella.

3. El respeto a la vida humana no admite discriminaciones. Ya tenemos dolorosas experiencias del pasado, como si unas vidas fuesen respetables y otras no merecieran respeto alguno. No podemos caer en esa intolerancia. Hemos de respetar la vida del hombre y de la mujer, del recién concebido, del niño y del anciano, del pobre y del enfermo, del inmigrante, del enemigo y del encarcelado. Todas ellas son don de Dios; todas están llamadas a experimentar e incrementar el respeto y el amor; todas ellas tienen la vocación más asombrosa: la de participar con gozo de la vida y de la felicidad de Dios.

4. Por la causa de la vida, el Santo Padre no se cansa de proponemos que construyamos la familia como un santuario de la vida, que plasmemos relaciones más justas en la sociedad, que evitemos las guerras, que son un medio indigno del ser humano para solucionar sus conflictos, y que nos preocupemos de construir y animar un mundo favorable a la vida, promoviendo una auténtica "ecología humana". Por la causa de la vida, la Iglesia promueve al mismo tiempo la abolición de la pena de muerte y el respeto irrestricto a la vida de quienes aún no han nacido, pero ya gozan de la existencia.

5. El derecho al ejercicio de la propia libertad tiene un límite infranqueable: el derecho a la vida de los demás. No es el único, pero es un límite absoluto. Vulnera este principio esa corriente impulsada por una de las ramas del feminismo, que pretende justificar el aborto como un derecho de la mujer a tomar decisiones sobre su propio cuerpo. El ser que viene en camino es una vida nueva llamada a nacer, que espera respeto y cariño. Ya no es "su cuerpo", es una vida humana distinta a la suya, que por una maravillosa disposición del Creador de la naturaleza, le ha sido confiada para ayudarla a nacer. Ni siquiera en el caso estremecedor de la violación, el justo rechazo del agresor justifica la eliminación de una vida nueva e inocente que quiere nacer.

6. En nuestro país, como en muchos otros países del mundo en estos mismos meses, ha surgido la polémica acerca de la así llamada "píldora del día después". El problema puede ser analizado desde diferentes puntos de vista, tales como el daño que puede producir a la mujer, la igualdad de oportunidades, las distintas posturas valóricas en una sociedad plural, etc. Sin embargo, la pregunta más relevante es otra: ¿elimina o no elimina una vida humana? Si la elimina, poco importa la relativa ausencia de contraindicaciones para la salud de la mujer, la igualdad de oportunidades ... para eliminar seres humanos con fondos del Estado, ni el respeto a consideraciones valóricas que exaltan la libertad individual hasta el extremo de aceptar lo inaceptable: el presunto “derecho” a suprimir vidas humanas.

7. Son tales los intereses económicos y políticos que están en juego a nivel internacional, que en esta materia se ha introducido alteraciones en el lenguaje, en todas las latitudes, para hacer aceptable lo que no lo es. El concepto de embarazo fue alterado: ya no es definido como el proceso que comienza con la concepción de un nuevo ser, sino con la anidación en el útero de su madre del óvulo fecundado. Además no faltan quienes sostienen que la vida comienza recién con dicha anidación. Por otra parte, se llega al extremo de que ciertos Estados resuelven negarle todo derecho a la vida al niño en gestación, mientras no haya nacido. Son palabras y conceptos que tienen una finalidad: lograr que la cultura y los legisladores le abran las puertas al aborto.

8. Precisamente la disparidad de pareceres y estudios en una materia tan delicada y grave como es la vida humana, requería proceder con mucha prudencia y sin precipitaciones, confrontando las investigaciones, pidiendo el parecer del mayor número de instancias de relevancia científica y ética. La pregunta más relevante y decisiva, acerca del inicio de la vida humana, no podía ser dejada para más tarde. También este procedimiento cuestiona el ordenamiento jurídico, al dejar una pregunta de tal gravitación sobre el derecho a la vida y sobre la cultura de un país, en manos de una sola persona, por capaz y bien intencionada que ella sea.

9. La Iglesia católica no tiene sobre estas materias una doctrina arbitraria. Las investigaciones científicas más serias, también la indicación del protocolo del mismo fármaco conocido como la "píldora del día después" (Levonorgelstrel), concluyen que uno de los mecanismos por los cuales actúa esta píldora es impidiendo la anidación del óvulo ya fecundado, produciendo la pérdida de una vida humana ya iniciada. En este sentido afirma que uno de los efectos de la "píldora del día después" es abortivo. El respeto irrestricto a la vida humana la lleva a confiar en la conciencia de cada uno, que lo impulsará a cumplir el mandamiento de Dios, que es camino hacia la vida y la felicidad, que prohíbe matar. Con la misma energía con que intervino en favor de las víctimas de los derechos humanos en el pasado, hoy señala que es hora de abolir la pena de muerte, por ser innecesaria e inhumana, como también la necesidad de defender el derecho a la vida de todo ser humano, desde sus inicios.

10. Quisiera concluir esta reflexión con unas palabras del Santo Padre sobre un fenómeno que acompaña a la globalización, ante el cual debemos ser vigilantes: "Con el tiempo, las amenazas contra la vida no disminuyen. No se trata sólo de amenazas procedentes del exterior, de las fuerzas de la naturaleza o de los 'Caínes' que asesinan a los 'Abeles’ o, se trata de amenazas programadas de manera científica y sistemática. El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva 'conjura contra la vida " que ve implicadas incluso a Instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto." El problema "está también en el plano cultural, social y político, donde presenta su aspecto más subversivo e inquietante en la tendencia, cada vez más frecuente, a interpretar estos delitos contra la vida como legítimas expresiones de la libertad individual, que deben reconocerse y ser protegidos como verdaderos y propios derechos." (Evangelium Vitae 17s)

11. Hay que recorrer un largo camino que atañe sobre todo a la educación al amor, a la sexualidad, a la familia, a la paternidad y maternidad responsables, a la cultura de la vida. La disociación de la sexualidad del amor conyugal y de la apertura a la vida, va generando una mentalidad anticonceptiva y abortista, que inclina a considerar la vida recién concebida como una amenaza a la felicidad, y no como un maravilloso don.

Que el Señor nos dé su sabiduría y su gracia para valorar el asombroso don de la vida. Así se lo pido por intercesión de María Santísima, Madre de Jesús, que es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida.

† Francisco Javier Errázuriz Ossa
Cardenal Arzobispo de Santiago

Santiago, 26 de marzo del año 2001

Fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios, como nuestro hermano y Salvador.