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Autor: Mons. Héctor Vargas Bastidas
Fecha: 26/04/2012
País: Chile
Ciudad: Arica

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Homilía en el Te Deum por el 471º aniversario de la Fundación de San Marcos de Arica

Estimada Srta. Intendenta, Autoridades Civiles, de la Fuerzas Armadas y de Orden, Delegación de la Ilustre Municipalidad de Arica, Sres. Cónsules, Representantes de Organizaciones Sociales, Voluntariado y Educación. Queridos Hermanos en el Señor. Le doy la más cordial bienvenida a todos ustedes, que han querido hacerse presente en esta celebración de acción de gracias y de oración, con motivo de los 471 años de la Fundación de San Marcos de Arica.

La tarea que el concilio Vaticano II encomendó a la Iglesia en el mundo actual, responde al desafío fascinante de construir un mundo animado por la ley del amor, una civilización del amor, "fundada en los valores universales de paz, solidaridad, justicia y libertad, que encuentran en Cristo su plena realización". El cristianismo contribuye a la construcción de una sociedad a la medida del hombre precisamente infundiéndole un alma. Por eso la finalidad de la Iglesia es renovar la vida según el mensaje de Jesucristo y hacer de los valores evangélicos savia y fermento de una nueva sociedad, favoreciendo en los fieles cristianos la colaboración en la superación en todas partes de las injusticias y fallas sociales, el fomento de la dignidad humana y de una recta conducta familiar, laboral, política y económica.

Desde estos presupuestos es que nos sentimos llamados en este día decir nuestra palabra acerca de la ciudad en que vivimos.

1. El desafío de la ética social y política

En el momento presente llama a preocupación el que se han venido debilitado en nuestro medio local aspectos fundamentales en la jerarquía de valores, como son el aprecio de la verdad, la práctica de la solidaridad, la responsabilidad en la búsqueda ante todo del bien común; la honestidad en los negocios, en la política y en la administración de la justicia; la amistad cívica entre los distintos constructores de la sociedad; la trasparencia de la gestión pública y de los recursos que son de todos los ciudadanos; la probidad en todo cargo de responsabilidad; el privilegiar en cualquier escenario de conflicto el diálogo por sobre la agresión, el consenso por sobre la intolerancia, el respeto por sobre la ofensa, el bien común por sobre los intereses particulares, y el servicio gratuito de quienes desean servir a Arica motivados por sólidos valores personales, y por un amor entrañable a este pueblo y su futuro. No pocos en nuestra ciudad evalúan estas situaciones como preocupantes formas de corrupción que se han instalado también entre nosotros. Estamos conscientes que este tipo de crisis, está motivada en gran parte por la reducción de la dimensión espiritual específica de la persona humana, vaciándola de principios y valores que son esenciales para un comportamiento ético, base para una armonía social.

En efecto, se trata de superar las dificultades y caminar hacia un orden social que debe desarrollarse de día en día, fundarse en la verdad, edificarse en la justicia, vivificarse por el amor; Se trata de un cambio de mentalidad profundo, en el cual todos debiéramos trabajar.

2. El desafío de la familia, esperanza de la sociedad

El futuro de la sociedad pasa por la familia, y la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad y fidelidad de la comunidad conyugal y familiar. Ella es como la célula del entero organismo social. La familia sana, en efecto, hace posible la salud y el vigor de toda la comunidad civil. La familia armónica es como el hábitat o ecosistema del ser humano: la cuna, casa y escuela de la vida humana. La familia, por su amor a cada persona de sus miembros, es el más importante bien social. La familia, como corazón de la sociedad, se halla en la entraña del bien común y por ello debe ser protegido y promovido. Sin olvidar que su misión es abrirse al don de la ida, ya que los hijos traen la primavera, la promesa de futuro, razones para vivir y luchar, amar y ser amados, la esperanza y la alegría a la sociedad. Sin ellos solo nos cabe esperar una sociedad cada vez más egoísta, individualista, envejecida, de más personas viviendo en soledad.

Sin embargo, hay situaciones que son cada vez más preocupantes respecto de la situación de la familia en nuestra Región. Una de ellas, es el persistente alto índice de desempleo, ello no solo acarrea frustración y angustia al núcleo familiar, sino que suele convertirse en fuente de agresividad, resentimiento, y conductas enajenantes como el alcoholismo, drogadicción, prostitución y delincuencia. Por otra parte, esta realidad, obliga a no pocos jefes de hogar a emigrar en busca de trabajo en otras regiones cercanas, y que les permita sostener a los suyos. Sin embargo la ausencia del esposo y padre en el hogar, crea tanto para él como para los que ama, sufrimientos y sentimientos de tristeza, privación, soledad y abandono. El padre ausente tiene un impacto negativo en la crianza, en el desarrollo afectivo y educativo de los hijos.

Esta ausencia sistemática sumada a ofertas inmorales, en no pocas ocasiones provoca la búsqueda de compensaciones sentimentales fuera del hogar, que conducen incluso hasta el quiebre de la vida de pareja y la desintegración de la familia con todo lo que ello implica para sus miembros y la sociedad entera. También es preciso denunciar el preocupante aumento de padres o madres que los días domingo y en feriados religiosos, deben abandonar a sus hijos y cónyuges por tener que trabajar, sobre todo en el mundo del comercio. Conocemos el dolor que ello provoca en las personas y en la convivencia familiar. No es posible que el afán de lucro sea tal, que hermanos nuestros se vean privados del legítimo derecho de compartir y disfrutar tranquilamente el amor y cariño con los suyos, como en el domingo celebrar en familia su fe religiosa, que para un porcentaje de ellos es un alimento esencial para enfrentar y salir adelante en la vida. Hablamos de derechos humanos fundamentales.

Es innegable la falta de nuevas políticas familiares justas y adecuadas en nuestra sociedad, que centrada más bien en una concepción materialista, se preocupa casi exclusivamente por el bienestar material de ellas, y excluye de la vida social la búsqueda de los valores humanos y cristianos. La familia posee unos derechos inalienables, que la sociedad y sus instituciones deben reconocer y defender. Por ello se han de crear las condiciones para que la familia despliegue su mismo ser y cumpla así su irreemplazable misión humanizadora en beneficio de toda la sociedad, o ésta se nos disolverá gradualmente.

3. El desafío de una ley y política migratoria en Chile

Chile ha firmado y ratificado la mayoría de los instrumentos internacionales de protección de Derechos Humanos, incluida la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familias. Pese a ello, el país no cuenta con una ley que esté acorde con dicho instrumento ni con las demandas que genera la realidad migratoria actual. Tampoco cuenta con una política explícita en materia migratoria. El camino adoptado ha sido más bien la implementación de diversos programas y medidas orientados a mejorar situaciones puntuales que aquejan a los migrantes respecto del acceso a la salud y a la educación de sus hijos. Si bien estos programas buscan mejorar el acceso a los sistemas sociales y asegurar con ello derechos que estaban siendo vulnerados, no resuelven el problema de fondo, que es garantizar los derechos de todos aquellos que residan en el país.

La irregularidad es una consecuencia de comprender al migrante en Chile como un peligro latente para la sociedad. Si éste ha llegado en forma espontánea al margen de cualquier política oficial, y más aún si es de condición vulnerable, su sola presencia pareciera constituir una suerte de amenaza para el orden social, representación que encuentra terreno fértil en la reproducción de estructuras de discriminación y exclusión. Percibimos las dificultades de cada familia emigrante, las penurias, las humillaciones, la estrechez y el dolor de quienes son víctimas de las crueles redes del tráfico de mujeres obligadas a una vil explotación sexual, de lo cual tampoco nuestra ciudad está exenta.

Uno de los problemas centrales es el lento y burocrático proceso para obtener o conservar la visa temporal y definitiva. La ley actual establece una serie de condiciones que son difíciles de cumplir para los migrantes que viven en condiciones de precariedad. El hecho de perder su condición de regular significa que quedan despojados de sus derechos ciudadanos, manteniéndolos en una condición de extrema vulnerabilidad social y económica. No tener los papeles al día les impide entre otras cosas, acceder a los servicios sociales, ser víctimas de abuso y explotación por salarios miserables, no poder viajar libremente por el territorio nacional, ni traer a sus hijos para una reunificación de la familia. Esta situación produce sospechas de hasta dónde efectivamente se quiere avanzar en materia de integración. Todas las buenas iniciativas terminan por tropezar con la ausencia de definiciones más claras sobre qué se espera de la migración, cómo se busca integrar a esta población y en qué medida se respeta la diversidad que ellos representan.

4. Logros y desafíos en nuestro desarrollo socio económico

En Arica y Parinacota, ha existido un gran avance desde la creación de la nueva Región, lo que se ha traducido en una mayor autonomía, en un aumento significativo en el aporte de recursos públicos por parte del Estado, en una mayor cercanía a las necesidades de la gente por parte de los organismos públicos, y en la agilización de las respuestas a las demandas ciudadanas.
Damos gracias a Dios por los importantes avances que se han venido dando en la mayoría de los ámbitos sociales, políticos, económicos, infraestructura urbana y vial, y de seguridad, fruto de más recursos y del generoso y sacrificado trabajo de tantos hombres y mujeres que sirven en las principales instancias del gobierno regional, provincial, comunal y en el mundo privado de la producción y el comercio. De hecho nos alegramos porque el presupuesto aumentó en los últimos tres años en un 165%, con un importante grado de ejecución de proyectos y que ha superado los 24.000 millones de pesos, lo que nos ubica entre las Regiones de mayor eficiencia.

Valoramos entre muchos logros, la importante inversión en viviendas sociales, la salud y medio ambiente, en donde la entrada en servicio del nuevo hospital, el fin de la listas de espera del Auge y la promulgación de la Ley de los Polimetales, dando respuesta a grandes necesidades básicas de nuestra población, favoreciendo sobre todo a los más pobres. Varios de estos temas, están insertos en el marco de los anuncios que el Señor Presidente de la República anunciara dentro de un plan de incentivos a largo plazo para la región.

Para continuar acentuando la necesaria descentralización se requiere el consenso del Gobierno Central y del Parlamento y un importante componente local, lo que obliga a ser extremadamente cuidadoso en el manejo y transparencia de los fondos públicos y en su correcta priorización a la hora de la inversión, en el correcto cumplimiento de los compromisos adquiridos con la autoridad central y con la comunidad local, evitando generar en el ámbito que sea, cualquier sensación o clara señal de corrupción. Las consecuencias sociales como para la credibilidad ciudadana en sus Instituciones podrían ser inimaginables.

El desarrollo económico y social requiere un compromiso de toda la Comunidad en objetivos comunes, los que necesariamente deben tener su origen en la participación efectiva de la Comunidad organizada, para lo cual la autoridad debe crear y propiciar los espacios de participación ciudadana público – privada, que normalmente suele ser el vehículo más sabio, efectivo y democrático para enfrentar este tipo de desafíos.

La principal inquietud ciudadana que de muchas formas y desde diversos foros hemos expresado insistentemente, ha sido la implementación de una Nueva Política de Estado, la que el Presidente de la República anunció en un memorable discurso del 26 de noviembre del año 2010. Ello es de imperiosa necesidad en las actuales circunstancias, producto de la contingencia con los países vecinos, los altos índices de cesantía y niveles de pobreza que aún perduran en nuestra comunidad, y la desventajosa situación que se ha ido produciendo de Arica y Parinacota con sus vecinos de Iquique y Tacna a partir ya del año 1976, ocasión en la cual se disolvió la recordada Junta de Adelanto de Arica, que junto con la desaparición del Puerto Libre, marcó el inicio de un serio estancamiento y retroceso de la actual Región, la pérdida de incentivos importantes que ahuyentaron a los inversionistas y el inicio de un progresivo proceso de despoblamiento. Ello fue alimentando el sentimiento acerca de un desinterés por parte del Estado de esta zona, de un cierto abandono de la autoridad central, sumado a un grave desincentivo a la inversión. Confiemos que la actual disposición al diálogo de las autoridades centrales, las conversaciones que se están llevando a cabo, y las propuestas más urgentes que se buscan instalar por parte de autoridades y organizaciones locales con el nivel central, fructifiquen favoreciendo un futuro de paz social y de esperanza para nuestro pueblo.

Finalmente, a la hora de enfrentar estos desafíos, nos interesa mucho el modo de amar de Jesús: cómo se compadece ante las enfermedades y las debilidades de su tiempo. Nos admira su muerte y, agradecidos, descubrimos que entregó su vida en la cruz por los mismos motivos por los que vivió: hacer la voluntad de su Padre y la oferta de una Vida nueva que nos hace realmente “humanos”, realmente hijos e hijas de Dios. Nos alegra inmensamente su resurrección, porque la muerte no pudo vencer a la Vida ni el pecado a la Bondad. ¡Jesús resucitado es la fuente de nuestra esperanza! Él, para nosotros, es el camino, la verdad y la vida y, por eso mismo, nos invita a cuestionar nuestro modo de vivir y de relacionarnos con otros, ofreciéndonos modos alternativos de ser y construir nuestra sociedad.

Jesús ha resucitado y nos envía a anunciarlo para proponer la posibilidad de vivir en una ciudad fundamentada en el mensaje de Jesús, en donde el Evangelio sea un mensaje salvador para todos: humanizando “rostros” desfigurados por el pecado y la maldad, la violencia y las drogas, la pobreza y la indiferencia.

Estimadas Autoridades y constructores de la sociedad ariqueña. De ustedes depende, en gran parte, la tarea de la construcción de una Arica cada vez mejor que, recogiendo lo más precioso de su rico pasado, camine hacia el progreso y el bienestar integral de todos y cada uno de los miembros de la comunidad. En esta circunstancia quiero alentar a todos los ariqueños a infundir esperanza en la edificación de una ciudad nueva, basada en la cultura de la vida y de la solidaridad, en lo cual consiste, la civilización del amor.

Que el Señor, por intercesión y protección del Evangelista San Marcos, siga acompañando el caminar de Arica, compartiendo la suerte de este pueblo, y bendiciendo a cuántos se la juegan día a día por servirla generosamente.

† Héctor Vargas B.
Obispo de Arica

   
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