Autor: Oficina de Comunicaciones y Prensa
Fecha:
24/09/2004
País: Chile
Ciudad: Santiago
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"En camino al Bicentenario". Síntesis
Documento de trabajo propuesto a los constructores de la sociedad por la Conferencia Episcopal de Chile
En el Mes de la Patria de 2004
El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, por encargo de la Asamblea Plenaria desarrolló un documento de trabajo denominado “EN CAMINO AL BICENTENARIO”, y una metodología, con el objetivo de convocar a líderes sociales, y a los constructores de la sociedad a repensar el Chile que queremos construir con vistas al 2010.
El Bicentenario de nuestra Independencia Nacional puede ser ocasión de reencuentro con el “alma de Chile”, en palabras del Cardenal Raúl Silva Henríquez, y de proyección de la mirada hacia el futuro con la voluntad de servir a al país a partir de valores esenciales que sustentan nuestra identidad nacional. Esta es una preciosa oportunidad para todos los creyentes y otras personas de buena voluntad para reflexionar y comprometernos en la construcción de la Patria, tarea que nos concierne a todos.
La celebración del Bicentenario acontece en tiempos en que la discusión valórica ha cobrado especial interés en temas tan cruciales como el respeto por la vida, el servicio público, el futuro del matrimonio y de la familia, el desarrollo económico, la calidad de vida, la extensión de las mismas oportunidades a todos y la justicia social, el sentido y el ejercicio de la sexualidad, la libertad de expresión y el respeto debido a las personas, y tantos otros que se debaten entre nosotros.
Bien sabemos que estos temas forman parte de un tránsito cultural de proporciones. Aquí están en juego principios y convicciones fundamentales; formularlos y asumirlos en un debate democrático puede ser extraordinariamente fecundo para todos.
Se trata de estimular en todas las diócesis de Chile un amplio debate entre personas con responsabilidades en los más diversos ámbitos de la vida social, los llamados “constructores de la sociedad”, con el objetivo de dialogar en torno a los grandes temas nacionales y a su responsabilidad en la construcción del Chile del Bicentenario. En una primera etapa se piensa invitar a laicos católicos constructores de la sociedad provenientes de diversas situaciones, experiencias y líneas de pensamiento y, en una segunda etapa se realizarían encuentros similares, pero con representantes de distintos sectores de la sociedad pluralista.
Los “Encuentros: Cambiar la Mirada y Despertar la Esperanza para Construir el Chile del Bicentenario” serán una invitación de la Iglesia que, como Madre y Maestra, ofrece un espacio de diálogo y encuentro a todos los sectores de la sociedad chilena a fin de buscar y comprometerse en caminos de desarrollo integral para nuestra patria, de cara al 2010.
El rol de la Iglesia Católica en el Camino al Bicentenario
La Iglesia Católica no es neutral en la construcción de la sociedad del presente y del futuro. Tiene un aporte muy propio que recibe de Jesús y su Evangelio. Por eso, parte de ciertos valores orientadores, en vistas a una vida más humana y más plena para todos.
La piedra fundamental es Dios, Él debe ocupar el primer lugar de nuestra vida y de nuestros proyectos. Esta certeza no significa relegar al ser humano a un lugar secundario. Muy por el contrario, en la medida en que el hombre es imagen del mismo Dios, no concebimos ningún proyecto humano que no se ponga decididamente al servicio del hombre. En consecuencia profesamos la dignidad incuestionable de la persona humana y de toda persona humana. Esto significa desterrar el odio a los enemigos, la conculcación de los derechos humanos, las discriminaciones sociales, raciales o religiosas.
También afirmamos el valor sagrado de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. No hay desarrollo si este se alcanza a costa de vidas humanas. No hay futuro para la humanidad si el hombre pretende situarse por encima de la vida.
Si cada vida es sagrada, la vida de los más débiles, de los pequeños, de los enfermos, y la vida de los más pobres, cobran especial importancia a los ojos de Dios. Los pobres deben ser opción preferencial y ellos deben ser protagonistas de su desarrollo. En la agenda del desarrollo del país deben tener prioridad los temas relacionados con el trabajo digno y su justa remuneración; con la salud y el trato apropiado de las personas en los momentos de mayor vulnerabilidad; la vivienda y el espacio apropiado para el desarrollo de una vida familiar adecuada; la educación y la igualdad de oportunidades y la participación. Para ello conviene rescatar las nociones de equidad, justicia y de bien común y el sentido del servicio público.
El progreso material es un medio necesario que debe ser puesto al servicio de la dimensión superior y espiritual del hombre. De lo contrario se vuelve contra el hombre. Medir el desarrollo del país sólo por los indicadores económicos es empequeñecer la visión de la persona humana y de la vida en sociedad.
En otro orden de ideas, hay tres grandes valores relacionados con la dignidad de la persona: el derecho a la libertad, el respeto a la conciencia y el amor por la verdad. El hombre nace libre y está llamado a ejercer su libertad para buscar el bien y la verdad. Por eso, se requiere un debate sobre el contenido y ejercicio de la libertad, sin confundirla con el libertinaje y sin identificarla sólo con el bien subjetivo, necesariamente parcial. Esto vale tanto para la libertad personal, como para la libertad de comercio o la libertad de expresión. Ninguna de ellas constituye un fin en sí mismo.
El respeto a la conciencia es también una nota indispensable para que a una sociedad se le considere como verdaderamente desarrollada. En particular, hay que relevar el respeto a la libertad religiosa, dado el derecho más noble que tiene todo ser humano: el de encontrarse con su Dios.
Por último, el amor por la verdad es fundamental porque expresa la dignidad del ser humano, y permite establecer relaciones en un marco de confianza y generar una vida social sana. El relativismo, la indiferencia o, peor aún, el menosprecio de la verdad, termina quitándonos toda posibilidad de comunicación. Para un cristiano, ella tiene especial resonancia desde que el mismo Jesucristo se ha identificado con la Verdad y nos enseña, con su palabra y con su vida, que la verdad nos hará libres.
Es parte esencial del cristianismo el fomentar la solidaridad humana. El encuentro con el otro, el encuentro con la humanidad del que tengo al lado, es el punto de partida para construir. Ver a Cristo en cada persona llena de sentido las relaciones humanas y las impregna del amor que estamos llamados a comunicar.
Estos son los principios que la Iglesia quiere fomentar. Además de contribuir al desarrollo de actitudes de reconocimiento, valoración y respeto mutuo, se busca promover una visión optimista y esperanzada del futuro del país.
Invitación a los “Constructores de la Sociedad”
Invitamos a los chilenos a pensar la sociedad que queremos. Para los católicos también será una oportunidad para que confronten los valores del Evangelio con los desafíos de la actualidad, para aportar desde la riqueza de esa identidad a los distintos ámbitos de la convivencia social.
Se sistematizarán los resultados de todos los encuentros diocesanos, para enriquecer este documento de trabajo y ofrecer los resultados nacionales a las autoridades y dirigentes de distintos ámbitos de la sociedad chilena, como una contribución de la Iglesia a la convivencia y desarrollo de Chile.
El documento de trabajo incorpora una palabra para cada uno de los distintos grupos de “constructores de la sociedad”: los intelectuales y educadores, los políticos, gobernantes y legisladores, los administradores de justicia, los empresarios y líderes económicos, los trabajadores y los sindicalistas, los artistas, los líderes comunitarios y las organizaciones de la sociedad civil, los comunicadores sociales, las Fuerzas Armadas y Policiales, la familia, los jóvenes y quienes intervienen en el cuidado y cultivo de la Creación. Les hablamos con la intención de contribuir a que cada grupo profundice su vocación, su misión y los desafíos que hoy se les presentan para la construcción de la sociedad pluralista en nuestra Patria.
Construir la sociedad es tarea eminentemente humana. Los líderes sociales, los constructores de la sociedad, lo serán de verdad en la medida en que sean capaces de interpretar los dolores, las esperanzas y los anhelos de la gente, y ayudarnos a marchar juntos en la dirección correcta. Quisiéramos hacer un llamado a todos los que tienen responsabilidad en la sociedad, entre quienes también nos incluimos, para que, poniendo el bien común por sobre toda otra consideración particular, hagamos nuestro aporte a un Chile que entre todos podemos construir. Dios nos hizo seres para vivir en sociedad y nos entregó la responsabilidad de construir sociedades humanas y humanizadoras.
Los invitamos a trabajar con entusiasmo y creatividad para hacer posible esta aspiración.
Los Obispos del Comité Permanente de la
Conferencia Episcopal de Chile

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